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Miró y la mirada poliédrica

Josep Lluís Antequera

EL ARTISTA Y EL MEDIO DONDE VIVE

En este primer cuarto del siglo XXI en el que nos encontramos, descubrimos que, en una masía llamada Sopalmo, reconstruido y ampliado metódicamente, hecho de gruesos muros y en medio del seco frescor del sur valenciano, el artista-pintor Antoni Miró vive, crece y crea bajo un olmo.

Algo así podría ser el comienzo de este artículo si lo escribiera Hume. Y es que a mediados del siglo XVIII, el escocés David Hume comienza a practicar su método empírico, gracias al cual distingue aquellos comportamientos culturales de una determinada sociedad en la que se pueden reconocer las causas sociales ajenas al azar, como los aspectos económicos, las formas de gobierno, las relaciones entre minorías y élites, etc. Nace, así, la implicación mutua entre el arte y el ámbito civilizado en el que se desarolla. Esa dependencia se convertirá en evidencia cuando con Hippolyte Taine consigue plena madurez la teoría del "Milieu" o el entorno como dialéctica relacional entre arte y sociedad, basado en raza, medio y momento.

Para este historiador del arte francés, el creador de una obra artística no parte de cero, es consciente de que está en una situación que lo condiciona, vive con una tradición dada por la realidad histórica que está viviendo y que le permite situar su arte en su ámbito circunstancial. La comprensión de lo que le rodea crea una tensión entre la obra y el presente, y permite que se incorporen a la percepción las pautas comunitarias, que funcionan como un reconocimiento automático de lo ya conocido en el mundo e identificado en la obra de arte.

"Porque el deber de cualquier artista y escritor es reflejar en sus obras la expresión de todo lo que se agita y vive a su alrededor" -dice el crítico de arte José Francés.

El punto de partida de Taine es el reconocimiento de que la obra de arte no se produce aisladamente y hay que buscarla en el conjunto, en la totalidad de la que depende y al mismo tiempo explica.

H.G. Gadamer hace un nuevo giro en la hermenéutica artística, considerada como la comprensión de las condiciones en que tiene lugar el hecho artístico, estableciendo una relación entre el emisor y el receptor por medio de la interpretación de este hecho que acabará en su comprensión.

Una obra de arte para Gadamer es el producto de una civilización en un momento dado que debe ser necesariamente comprendido históricamente.

Antoni Miró bebe de estas fuentes; no es un formalista del "arte por el arte" como decía Kandinsky, el todo desligado de su realidad circundante, sino que su obra es efecto y consecuencia de la época que le ha tocado vivir.

'FACTA, NON VERBA'

Hechos, no palabras. Miró es un pragmático amante de los hechos; no es por casualidad que viviera en Dover en sus años de investigación del centro de gravedad!

Este pintor-escultor realiza obras ligadas al orden global de los comportamientos sociales existentes, al que ofrece alternativas. Antoni no parece querer que sus personajes interpreten el mundo ya dado, uniformizado; sino más bien que lo transformen, que sean instrumentos conectores tanto con el cambio como para el cambio de la realidad presente. Para conseguirlo, adhiere al actual desbordamiento extramuros de las Bellas Artes, tan férreamente categorizadas desde la Ilustración, e intenta con un arte práctico, interpretativo, pero comprensible, aclarar y canalizar los excesos de un oficio que se extiende y se desborda hacia la cultura de masas "de impacto repentino y consumible", tan lejana de valores como la estética visual del sosiego y la reflexión.

Antoni Miró trabaja cuadro a cuadro, con resultados que no pertenecen en apariencia a ninguna escuela ni estilo, y si tenemos que hacer notar una característica de su obra sería la persistencia en el trabajo metódico, escrupuloso y constante, un esfuerzo sostenido hasta conseguir una ingente obra de más de 4.000 cuadros.

Podemos considerar a Miró como un autodidacta que pinta pintura emparentada con el psicoanálisis, con un compromiso ideológico. Un artista de la meticulosidad que le lleva a seguir un diario personal escrito desde 1958, una correspondencia con su círculo de confianza y una selección de ambientes y personas en terrenos dispares donde procura sentirse a gusto.

Exigente en su propio trabajo, lanza su propuesta inconformista, incómoda, irónica (sin llegar al sarcasmo) y rebelde.

Su pintura sistemática consigue estructurar y ordenar en el lienzo los dramas más palpitantes e inquietantes de nuestra sociedad globalizada, con un sentido preciso y coherente donde ordena rítmicamente sus preocupaciones y obsesiones: el dinero, la violencia, la religión, el sexo, la naturaleza, el apartheid, la pérdida de identidad, la ausencia de valores ..., y todo esto expresado en series gráficas perfectamente sistematizadas. Silencioso y observador, su obra está marcada por sus convencimientos. Su ideología habla por él.

Miró considera la cultura como "el recto camino hacia la libertad" y afirma que "el arte debe ser necesariamente crítico"; pintar significa para él "vivir la única manera de sobrevivir", pero este arte debe basarse en la perseverancia, el orden minucioso, la creatividad unida a la timidez de un retiro ajetreado, aunque todo esto enmarcado en una comunicación no a cualquier precio, sino a través de la ética y la estética.

LOS ADLÁTERES

Si buceamos en los antecedentes y consecuentes de la pintura mironiana, debemos caer en Rauschemberg, que actúa como artista puente entre el expresionismo y un nuevo género de figuración, abriendo camino hacia el fenómeno de las imágenes de persuasión de masas, los followers y la creación de mitos acríticos que sustituyen el significado de las normas de comportamiento libremente pensadas y aceptadas.

Si intentamos clasificar a Miró en la nueva figuración, diremos primeramente lo que no hace el pintor. No lo encontraremos en el movimiento Action painting (W. de Kooning), ni tampoco en la expresión figurativa de Jan Lebenstein con sus figuras antropomorfas, ni con Francis Bacon con su axialidad, ni con Antonio Saura que utiliza la figura como soporte estructural tremendista ; tampoco está con el llamado "Arte Bruto". Miró no transita tampoco por las sendas de las texturas objetuales, papeles, arenas, arpilleras que contrastan e impactan la retina, ni está con Antonio Bueno, ensayando un camino entre lo abstracto y lo figurativo, ni con la pintura onírica y expresionista de José Jardiel o Cardona Torrandell.

Más bien debemos buscar su antecedente en el New Dada, el Pop Art, el Reportaje Social o el Nuevo Realismo como una apropiación directa de elementos de la realidad y una vinculación con el cotidiano en forma de denuncia narrativa, formativa e informativa.
Miró se nutre del Reportaje Social tomando los elementos de sus obras de la civilización de consumo (Pop Art), como Jasper Johns y Oldenburg, o de la civilización de las imágenes, como Rauschemberg y Lichtenstein.

Con Miró nos acercamos a Rousseau el aduanero, a Magritte, a las soluciones elegantes y eclécticas de Eduardo Arroyo, al equipo Crónica (Solbes y Valdés) y a la civilización icónica de Rafael Canogar a partir de 1960, junto con la obra de Juan Genovés.

Antoni Miró mantiene una reacción artística contra la imposición del lenguaje informal, reivindicando la figuración como elemento de expresión, de denuncia y de crítica social. Admirador de Vermeer, Ribera, Velázquez y Picasso, transita por las mismas praderas figurativas de los maestros europeos.

Trabaja frecuentemente en la esfera de la meta-pintura y el borrowing, con apropiaciones y préstamos, adaptando una obra anterior (o una parte de ésta) a su criterio personal y propone un nuevo mensaje, todo reinterpretándola. Esto sí, Miró en lo que emprende instaura el ritmo, el orden y la perfección siguiendo su brújula interna.

'IMAGO ANIME VULTURE EST'

El rostro es la imagen del alma, decía Cicerón, y con esta divisa, Antoni Miró recrea los rasgos de los rostros que invaden sus creencias y valores sociales. Los retratos aparecen de repente entre el claroscuro sepia y gris de sus pliegues y encarnaciones, invadiendo toda la superficie del acrílico, intentando apuntar más allá del rectángulo de lienzo que apenas puede contenerlos, para dirigirse al espectador y explicarle quiénes son y por qué están aquí.

Es en 2015 cuando Antoni Miró expone "Personajes S / T" en la Lonja del Pescado de Alicante, como el resultado de la ampliación de otro trabajo expuesto en el IVAM de Valencia en 2012. Más de 50 poetas, cantautores, filólogos, políticos, artistas, activistas, creadores y pensadores que bullen en la cabeza del artista de Alcoi que muestra al imaginario colectivo, y que no ha cesado desde entonces de pintar más .

Siguiendo el prerrafaelita Burne-Jones cuando dice: "El retrato es la expresión del carácter y de la calidad moral". Miró considera así sus retratos de los personajes que han aportado su compromiso social con su trabajo y la vinculación con sus creencias, ya sean artísticas, políticas, literarias, musicales. etc.

Elige las imágenes de los retratados, cuidadosamente, aquellas que le permiten identificar plenamente el personaje y que reflejen, como dice Genovés: "La forma interna palpitante de la obra".

Miró dirá sobre la serie de retratos: "Hacía tiempo que quería empezar una colección como ésta, en años anteriores he pintado algunos retratos que consideré de interés para el conjunto de la sociedad, pero hasta ahora no había podido entrar en la profundidad que requiere ese trabajo. Seleccioné a muchos de mis referentes, la mayor parte luchadores que ya no están con nosotros, pero que nos han dejado su inmenso legado ".

Los retratos adquieren estatus referencial del  reconocimiento de sus trayectorias,  entregados a una vida de combate, en la trinchera del cambio, en el filo de la navaja, que han empuñado el fusil, la pluma, la gramática ...; han bailado, cantado, pintado, construido, denunciado injusticias, guiado naciones, revolucionado obreros, dirigido orquestas, manifaceros de la psique, supervivientes de campos de concentración, caídos por sus ideales, mantenedores de utópicas banderas. Todos atrapados entre la cordura y el arrebato.

Miró conoce o ha conocido gran parte de ellos y casi todos lo han tratado, han escrito sobre el artista (o el artista sobre ellos), y han hecho amistad, han mantenido correspondencia y éstos le han dedicado o le dedican un espacio en su vida y en su corazón. Hablamos, entre otros, de Ovidi Montllor, Sol Picó, Martí i Pol, Salvador Espriu, Joan Fuster, Joan Valls, Rafael Alberti, Vicente Andrés Estellés, Isabel-Clara Simó, Andreu Alfaro, Antoni Tàpies, Joan Brossa , Arcadi Blasco, Antonio Gades, etc.

Decía Joan Fuster que la gran pasión que emana de la obra de Antoni Miró es la de una "Tentativa de ser él entre los suyos".

Y Miró sostiene: "Si no partes de tus bases, de tu tierra, tu familia, tu mundo, difícilmente llegarás a algún lado".

La mirada poliédrica de Miró es una llamada hacia el personaje, para que le permita fijar para siempre su imagen entre sus pupilas.

Su serie de retratos son un testimonio de ese intento de fijar las bases del instinto de pertenencia de Antoni Miró, proyectado hacia un grupo de hombres y mujeres que, con una vida apasionada, combativa e inconformista, han abierto , aunque sea a golpes, las sendas cómplices por las que transitan hoy las generaciones que están ensayando una nueva forma de vivir, buscando nuevas soluciones para este nuevo mundo de principios del siglo XXI, porque como dice Antoni: "Nacer es aprender a vivir para, al final, morir bien ".

Personatges, Antoni Miró

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