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Antoni Miró, la pintura es libertad

J. Seafree

Como huellas múltiples de las diferentes circunstancias vitales, el acto de pintar refiere el compromiso y el apego entre esencias: el color del mar, los ojos que sonríen como una carcajada entre las olas; así encontramos el quehacer pictórico de Antoni Miró. Series diversas en materiales, en temas, en intenciones, metáfora y fruto al mismo tiempo del viaje, de la acción de viajar, de la experiencia resultante en cada singladura escogida. Los iconos modernos, las esculturas clásicas, los animales... denuncias, descubrimientos e hitos que rinden su peculiar homenaje al arte y a la vida, y ambos, en cada cuadro, como el amanecer rasgado por unas tijeras, dispuesto a deslumbrarnos, a mostrarnos otro nuevo horizonte con su amanecer propio y renovado.

En el equipaje para esta admirable tarea tienen su espacio también el devenir y la palabra, la quietud y el silencio, las armas y la libertad de expresión, las cuerdas y los obstáculos, los perfiles y los sueños. Y con estas ropas caminan, van y vienen, rostros, bicicletas, herramientas, letras, signos heterogéneos de la sociedad, ese páramo a veces deshabitado, otras lleno de amontonados espejos. Y a través de este laberinto lúdico de referencias estéticas, celebramos el agradecimiento por la memoria; hallamos, además, historia y geografía que el acrílico ordena en plásticas asociaciones, amplios campos de visión, como amplia y generosa en imágenes es la realidad.

El viaje, lo que acontece, lo que se busca, lo que acaso se encuentra; lo que sucede lejos para nuestras manos, pero cerca de lo que sentimos. Cada paso y cada muro mezclan lo orgánico y las estructuras, conviviendo la materialidad y la aclamación en defensa de la justicia o de cualquier utopía doméstica necesaria. Dinámicas visiones que sirven para poner paz en la razón, o para cubrir de incertidumbre la irreverente irracionalidad. Y así Antoni Miró presenta sus obras como páginas de un libro que se identifica a la existencia.

Aguardando ser descubiertos, escritos en los costados de los lienzos, podemos leer breves versos, apenas apuntes para su denso viaje: el honor de la paleta, la dignidad de los colores, los matices con los cordones bien atados, la casa de las metamorfosis amables. Pintura y creación en la ventana de la sinceridad. Y desde aquí contemplar como puntos cardinales o telones invisibles paralelos:

música - pintura - naturaleza - silencio

el mar - la imagen - el hombre - el tiempo

fragmentos primordiales de una senda conciliadora, una trayectoria humilde que recorrer con sus ejemplares bicicletas, formas curiosas que huyen de la contaminación acústica Porque la materia prima poética se aferra, dando vueltas, a los radios en las ruedas de tan particulares velocípedos.

A pesar de la variedad de la variedad de registros y reconociendo una amplia versatilidad en el trabajo de Antoni Miró, el recuerdo de sus cuadros deja siempre la cálida sensación de una luz de arena que acaricia la columna de la memoria. Cuando la pintura es libertad las palabras quedan a su servicio, y el hecho artístico, cubierto de sigilo y de agua indispensables, se torna regocijo y honorable alojamiento.

ANTONI MIRÓ, LA PINTURA ÉS LLIBERTAT

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